Fausto trabaja todo el día. En su
mototaxi recorre el barrio transportando a sus vecinos. A las amas de casa las
lleva al mercado, a los niños al colegio. A los padres de familia los acerca al
paradero donde hacen el trasbordo a otros vehículos y a las señoras las lleva a
misa. Tiene un público cautivo a quien siempre ofrece sus servicios. Fausto
vive con su mamá, papá y hermana menor.
Tiene 21 años y trabaja todo el día para ayudar a su familia. Su papá
perdió el trabajo y su mamá se dedica a la casa. Su hermana menor va al colegio
y por la tarde ayuda a su tía a preparar manzanas acarameladas que vende en el
mercado.
Una tarde recoge a un pasajero a
quien nunca había visto antes. Le pide llevarlo al paradero que queda a varias
cuadras de donde se encuentran. El hombre lleva un maletín. En el camino Fausto
le pregunta a qué se dedica y el hombre le responde que es abogado y está
atendiendo un caso cerca de ahí. Ya en el destino el hombre paga el pasaje y se
despide, Fausto regresa a buscar nuevos pasajeros.
Regresando se da cuenta que en el
asiento hay un sobre, revisa su contenido y ve varios billetes de cien dólares,
llega a sumar por lo menos unos cinco mil. Alza la vista y ve al hombre del
maletín subir a un bus. De inmediato acelera para alcanzarlo pero el bus
arranca. Fausto aún más decidido acelera e intenta alcanzar el bus. Por su
mente pasan muchas cosas como soluciones que le daría a él y a su familia la
cantidad de dinero que hay en el sobre.
Logra alcanzar al bus y divisa al
hombre cerca a la ventana. Tocando su bocina y haciendo señas con las manos
intenta llamar su atención, el hombre no lo mira. Debido a la velocidad y
desesperación Fausto pierde el equilibrio de su mototaxi y cae al piso. Para
evitar una desgracia el chofer del bus logra frenar a tiempo y con desdén
insulta a Fausto por su acción temeraria. En ese instante el hombre del maletín
se percata que el accidentado es Fausto quien desde el piso logra hacerle señas
y le enseña el sobre de dinero. La reacción del hombre es inmediata y baja del
bus.
Fausto se recupera de inmediato y
le entrega al hombre el sobre quien agradece el gesto con un sencillo apretón
de manos y se retira del lugar para subir a un nuevo bus.
Fausto ve su mototaxi y se da cuenta que está en malas condiciones,
debe repararla pero no tiene el dinero para hacerlo. No enciende, la llanta
delantera está reventada. Tiene el pantalón raído por la caída y rasguños en la
pierna izquierda. Cojeando y con esfuerzo coge su mototaxi y emprende el camino
a casa. Piensa mucho en lo que acaba de pasar, sabe que nunca más probablemente
vea al hombre del maletín y cuánto le costó ayudarlo.
Con dificultad llega a la puerta
de su casa prefabricada y toca dos veces. Sale su papá con evidente expresión
de emoción y lágrimas en los ojos, -Hijo de mi vida- le dice, -¿dónde estabas?,
hace rato que te estamos buscando para celebrar-. ¿Celebrar qué?, responde
Fausto, -Celebrar la recompensa a tu esfuerzo diario, hijo, acaban de anunciar
al ganador de la lotería de esta semana y ha ganado tu mamá, ¡mamá ha ganado
cien mil soles!-. Fausto abrazó a su papá y entró a su casa, y olvidando el
dolor de su pierna saltó de alegría.
Lima, abril de 2013

