viernes, 3 de enero de 2014

LA FOTO DEL BESO

En su habitación y bajo la luz de la luna llena que ingresa por su ventana, el buen Iván mira las fotos en las que sale acompañado de su amiga de siempre: Brenda. Ellos fueron inseparables desde niños. Iván vivía a pocas casas de la de Brenda y siempre se saludaban cuando se veían pasar. Han pasado muchos años, ahora ambos son adultos y cada uno ha hecho su vida tomando el camino que les corresponde.

Al ver las fotos Iván no deja de pensar en Brenda, en la cantidad de vivencias que tienen juntos; juegos, conversaciones, discusiones, borracheras, etc. Son los amigos de siempre.

Iván sabe y reconoce todo el cariño que Brenda siente por él, son esos típicos amigos que llegan a llamarse hermanos por la cantidad de similitudes y cosas en común que comparten. Así lo recuerda y siente mientras contempla las fotos que desde siempre guarda en el cajón de su mesa de noche. Las ha esparcido todas encima de su cama, las mira y vuelve a mirar como si la nostalgia se lo obligara. Frente a cada imagen esboza sonrisas sinceras y frente a otras suspira pensando en ella y en lo mucho que la extraña. Una de ellas le recuerda la vez que Brenda salió de viaje por mucho tiempo porque su padre fue destacado a provincia por temas de trabajo. Ella fue a buscarlo a su casa y le dijo que esa tarde saldría de viaje por lo menos por dos años por un asunto de su papá; a él la noticia no le agradó mucho. Tenían dieciocho años aproximadamente y ambos sentían que sus mundos terminaban porque no sabían cómo asumir la separación.  La foto fue tomada por Lucas, el hermano mayor de Iván, en el preciso instante en que ella, antes de irse, le regalaba un beso en los labios para luego salir corriendo al carro de su papá. Iván logró hacerse de la foto luego de negociar con su hermano una serie de favores y condiciones a costa de que dicha foto nunca fuera mostrada en público. Iván atesora esa foto hasta el día de hoy; es la que guarda con mayor recelo y mantiene con esmerado cuidado. Es la foto que le recuerda esa amistad infinita y especial.

Iván mantiene esa foto en su mano, no puede dejar de mirarla y admirarla. Un nudo en su garganta lo confunde, lo aturde, lo perturba.  Fue el único beso que recibió de Brenda y fue de una manera rápida que para ella significó una despedida y para él la bienvenida del amor. Desde entonces Iván se dio cuenta que se había enamorado de Brenda y contemplando la foto quince años después sabe que continúa enamorado de ella, sabe que nunca se lo dijo y que tampoco se lo va a decir. Sabe que ella es dueña diaria de sus pensamientos y sus sueños. Sabe que la ama y que el amor no es correspondido. Sabe que el único beso que sus labios conocen es que él recibió de ella hace mucho tiempo atrás y la foto no hace más que propiciar una tristeza que amilana cualquier felicidad que pueda recobrar recordándola.

Iván nunca ha podido sacar de su mente a Brenda, él quisiera que todo fuera más sencillo. Quiere enamorarse de otra mujer pero no encuentra la forma de que eso suceda, simplemente, como esta noche en particular, cuando se siente perdido, lo único que hace es recurrir a las fotografías, verlas y quedarse petrificado frente a la foto del beso que lo esclaviza en la tranquilidad de su habitación.

Una llamada telefónica lo aleja de pronto del letargo. Contesta y al otro lado del auricular escucha una voz femenina que le habla nerviosa pero con ternura. -Vas a ir, ¿no?-, le pregunta. Es Brenda. Iván reacciona como si a través del teléfono ella pudiera verlo y torpemente reúne las fotos y las arroja violentamente en el cajón. Se levanta y se dirige a su ventana para tomar una bocanada de aire frío y poder responder con la mayor tranquilidad. -Por supuesto que sí-, le dice él con aplomo y seguridad fingidos, -no me lo pierdo por nada-. Ella le agradece la sinceridad y él añade, -no todos los días se casa mi mejor amiga, ¿cierto?-; -Gracias Iván-, responde ella y cuelga el teléfono.

Iván no tiene tiempo de corresponder el agradecimiento de Brenda, ella ya ha colgado. Iván deja caer el celular que tiene en su mano derecha y abre su mano izquierda, poco a poco empieza a estirar la foto del famoso beso que arrugó con toda su fuerza durante la corta conversación que tuvo con Brenda.

A lado de su espejo de una percha cuelga el elegante traje que esta noche estrenará en la boda de su mejor amiga. Lo compró hace poco, entre lágrimas y una pena indescriptible eligió el mejor traje. Al probárselo, se imagina a ella a su lado caminando hacia el altar. Sacudía su cabeza para deshacerse de esos pensamientos.

Tras estirar la foto, la guardó nuevamente con las demás acomodándolas como siempre y se dirigió al baño. Bajo el agua fría de la ducha Iván trata de disipar de su mente todo pensamiento ajeno a la realidad. Brenda se casa esa misma noche, él debe estar presente pero no quiere. No se imagina cómo reaccionará su ímpetu durante la ceremonia y mucho menos al momento que el matrimonio se concrete. Le aturde la idea. Apoya sus manos frente a la pared y deja que por un momento prolongado las gotas de agua fría recorran su cuerpo tratando de buscar en cada una de ellas la ecuanimidad que necesita.

Minutos después y frente al espejo Iván acomoda su corbata y los puños de su camisa. Por último se coloca el saco, se ve y sonríe frente a la elegancia de su porte. Se perfuma. Coge la invitación del matrimonio y con delicadeza empieza a romperla en la mayor cantidad de pedazos de fino cartón que pueda conseguir, finalmente tira los papeles a la papelera que tiene cerca. Coge las llaves de su auto y sale de su habitación. Antes de salir de su departamento, se dirige a la cocina. Ve la hora en su reloj, reconoce que está retrasado pero de todas maneras saca una cerveza de la refrigeradora. Se sienta en el sofá de su sala y bebe la cerveza con especial placer, buscando en la amargura de su bebida el consuelo de lo que esa noche significará para el resto de su vida. Decide ir por otra cerveza y así luego por una tercera. Ya un poco acalorado por el brindis propio que acaba de compartirse sube nuevamente a su habitación, saca la foto del beso y la acerca a sus labios como si se tratara de los labios de Brenda. Besa la imagen con mucha pasión, la lleva a su pecho sintiendo el abrazo que siempre buscó en ella pero que nunca encontró. Dirige una mirada penetrante a la imagen mientras algunas lágrimas caen por sus mejillas. Finalmente guarda la foto en el bolsillo interno del saco y sale de su casa. En su auto y desafiando con impericia la ruta hacia la iglesia y bebiendo una cerveza más se dirige al matrimonio de su amiga, de su querida Brenda. De aquella chica a la que ama sin ser correspondido.

Antes de entrar termina de tomar una sexta lata de cerveza que tenía en el carro. Cuando ingresa se percata que la ceremonia del matrimonio ya ha empezado, se acomoda en una de las bancas finales del templo. Pocos han notado su presencia y él prefiere pasar desapercibido. Frente al altar Brenda y su novio, futuro esposo, escuchan los consejos que el sacerdote les indica acerca de la felicidad, del amor, de la vida en pareja, de los hijos, de la vida, de todo. Iván escucha y piensa que es mejor salir de ahí porque su cabeza está a punto de estallar. Las emociones se han juntado en su mente y la confusión lo intranquiliza a cada segundo. Sin embargo se mantiene sentado observando.

El sacerdote inicia el rito del matrimonio con la rutina de siempre. Hace leer el argumento a cada uno y sellan la alianza colocándose mutuamente el aro de matrimonio. El sacerdote con una sonrisa tierna encantado por el real amor que ve ante sí invita a la nueva pareja de esposos a demostrar el puro sentimiento por medio de un beso. Brenda delante de su esposo deja que él descubra su rostro levantando el velo de novia que lleva puesto. Las miradas de ambos son sumamente tiernas. El beso genera suspiros en los invitados mientras Iván siente como su interior se consume.

-Vamos a acompañar este momento con un fuerte aplauso para los flamantes esposos-, dice el sacerdote. Y el eco de las palmadas unísonas se esparce por cada rincón del templo. Iván contiene mucha ira dentro de sí al punto de no saber qué es lo que sucede consigo sin embargo acompaña los aplausos con peculiar energía.

Cuando los aplausos cesan y la calma de la algarabía intenta retornar, los invitados se distraen por el ruido repetido que llega desde la última banca del templo. Iván no ha dejado de aplaudir. Mantiene los golpes secos que las palmas de sus manos generan sin siquiera detenerse. Incrementa su potencia e impacienta a todos. Brenda se da cuenta que es Iván quien procura el desorden y la confusión y le sonríe nerviosa; agradecida por su presencia pero confundida por su actitud. Trata de buscarlo con la mirada pero él está esquivo. Iván continúa aplaudiendo con determinada fuerza y se pone de pie y a paso lento se dirige a los nuevos esposos. -¡Qué bonito!…  Felicidades, hoy se casa mi mejor amiga y ella no sabe que yo la amo más que a nadie en este maldito lugar, pero soy tan estúpido que nunca supe hacerlo notar ni tampoco decírselo… ahora ya todos lo saben, ¡amo a la mujer que me invitó a su matrimonio, he sido invitado a la boda de la mujer que amo!… ¿hay algo más miserable que eso en esta vida?- Las palabras de Iván hacen eco en el lugar, Brenda se ha quedado en una pieza sin saber qué hacer,  su esposo atina a abrazarla como protegiéndola del momento. Los gritos de Iván prosiguen. –Tuve toda la intención de venir temprano pero no pude, lo siento Brendita, preferí quedarme en casa recordando los buenos momentos que viví a tu lado y que solo puedo mantener en fotografías…-. Saca la foto y la levanta. –Miren todos, les muestro mi lamentable vida, adorando a la mujer que amo por medio de una fotografía que tomó mi hermano hace…-.

Un hombre mayor se acerca a Iván y lo coge fuertemente de los hombros, -¿Qué te pasa, Iván?- le pregunta con desconcierto, vergüenza y rigor. -¿Quieres arruinar el matrimonio de tu hermano?… Lucas no merece esto qué estás haciendo, hijo, ¿qué te sucede?- Lucas y Brenda se mantienen abrazados viendo la escena. Iván abraza a su padre y rompe en llanto desconsoladamente, -No lo soporto, papá. Yo amo a Brenda, la amo desde siempre y Lucas la arrebató de mis manos-.  El hombre abraza con firmeza a su hijo con intención de sacarlo de la iglesia pero él, aprovechando la fuerza de sus brazos, logra zafarse de su padre y sin pensar corre directamente hacia Lucas y Brenda. La furia y la embriaguez que lo dominan no lo dejan pensar. Los nuevos esposos no saben cómo reaccionar ante lo que sucede. Los invitados simplemente contemplan lo que pasa, no saben qué hacer. –Iván, ¡¡¡basta ya!!!-, grita su padre y el caos comienza a apoderarse del lugar.


En ese preciso momento las palomas que descansan tranquilas en las cornisas y ventanales de la torre de la iglesia de pronto huyen despavoridas y sin destino al oír el fuerte disparo que proviene del matrimonio que acaba de ser interrumpido.  


Lima, enero de 2014.