En casa de Marina todo es
tranquilidad. Ella tiene diecisiete años, va al instituto, es responsable, sus
padres son su ejemplo. Su mamá, por ejemplo, es ama de casa, abnegada. Dedicada
al hogar desde que nació su hermano menor hace diez años cuando decidió dejar
de trabajar. Ellas son las mejores amigas, madre e hija inseparables. Su padre
es un admirado hombre de negocios, gerente de una prestigiosa cadena de tiendas
por departamento en todo Lima y provincias. Pese a su recargada agenda semanal se da tiempo para siempre estar con su
familia sobre todo los fines de semana. Él quiere que su pequeño hijo de diez
años siga sus pasos por eso se preocupa por mantener a la familia siempre
unida. Sabe que lo más importante es brindar cariño a su esposa y a sus hijos y
felizmente ha logrado conformar un gran vínculo en su hogar. Para Marina, su
padre es su mentor y desde siempre, su héroe y su madre, la mejor compañera.
Dentro de un par de meses Marina
cumplirá dieciocho años, sus amigas son cómplices de ayudar a organizar lo que
será la mejor fiesta de cumpleaños, la fiesta esperada para la amiga perfecta.
Tiene que ser increíble, le dicen todas sus amigas. Tú papá tiene que hacer el
mejor tono de Lima. Mariana no cabe en sí y espera que las semanas pasen más
rápido para que su fiesta llegue. Tiene todo prácticamente listo; el vestido,
el motivo de la fiesta, las invitaciones, el local separado. Su mamá se ha
encargado de organizar todo a la perfección y su padre observa y siente que su
pequeña Marina está creciendo y la apoya en toda decisión que quiera tomar para
su fiesta. Sentía mucho orgullo al saber
que su hija pronto sería mayor de edad.
Una tarde Marina llegó a su casa
y Pilar, su madre, le dijo que su papá había llamado para avisar que vendría
temprano a casa para almorzar con ellas y con Jano, su hermanito. Saúl siempre
solía hacer eso, llegar temprano a casa algunas tardes para almorzar con su
familia completa. Esa tarde, cuando Saúl llegó le dijo a Marina que tenía algo
para ella como adelanto de su cumpleaños.
-Hija-, le dijo, -toma este pequeño presente, lo mereces. Lo mejor viene
dentro de dos meses pero este regalo es para que puedas ampliar tus
conocimientos, para que estés en contacto con tus amigas y porque te va a ser
muy útil ahora que terminas el instituto e ingreses a la universidad-. Se
trataba de una moderna laptop, de última generación, con todas las aplicaciones
necesarias y programas completos para que sea perfecta. En casa había una
computadora pero que todos compartían. Marina estaba feliz porque ahora tenía
su propia computadora portátil. Un regalo que en la actualidad rompe todo tipo
de esquemas y que cualquier adolescente quiere tener en sus manos. Ahora Marina
tiene una laptop último modelo, con diseños agradables para una chica de su
edad. Saúl había sabido elegirla perfectamente dentro de muchos modelos.
-Gracias papi, eres el mejor-,
dijo ella y corrió a su cuarto. De inmediato sacó el aparato de la caja, no fue
necesario que leyera el instructivo, apurada la conectó a la corriente, la
encendió y en la parte superior de la pantalla la imagen de una batería le
indicaba que debía esperar que termine de cargar. Inmediatamente cogió su
celular y llamó a sus dos mejores amigas para contarles la hazaña que su padre
acababa de perpetrar. Sus amigas, emocionadas por ella, inmediatamente se
autoinvitaron a la casa de Marina.
Pasaron treinta minutos y las
tres amigas estaban frente a la pantalla de la laptop analizando todas las
opciones, maravillándose por las claras y nítidas imágenes distribuidas por
todo el monitor. La conclusión del equipo era, como ellas decían al unísono: alucinante.
Se conectaron a internet, vieron
videos en You Tube. Marina no podía creer que finalmente podría usar su
Facebook desde su propia computadora en la comodidad de su cuarto. -¿Facebook?-,
le dijo Jimena. -Ya no pasa nada con eso… ahora la moda es una nueva red social
que ha salido que únicamente sirve para conocer personas en total anonimato. Tú
no puedes conocer a la persona con la que conversas sino hasta una primera
cita. Ese es el truco. Te registras con un alias y eliges al azar con quien
quieras conversar y entablas amistad, la idea es que cuando hables con alguien
que llame tu atención se pongan de acuerdo para conocerse, ¿no te parece
recontra alucinante?-. A Mariana le pareció, más que alucinante, peligroso. Su
padre siempre le había dicho que el uso de las redes sociales era un peligro
latente y que debía tener mucho cuidado con eso. Incluso le había permitido
tener Facebook siempre y cuando su madre fuera uno de sus contactos. Ella
aceptó el trato con el típico recelo producto de tener a su mamá dentro de su
grupo de amigos pero ni modo, era un trato.
Jimena siguió insistiendo en que
ingresaran a la nueva red social para conocer personas. “Te registras usando solamente
un alias y tu identidad es privada, conoces a alguien y te enteras de quién es
la otra persona recién cuando la ves, la idea es que te inviten a salir” le
había dicho. Pese a que le parecía peligroso por los consejos de su padre, la
curiosidad hacía su trabajo en la mente de Marina y trataba de convencerla de
que investigara la nueva red social. Por su parte Paola, la otra amiga,
aprovechando la disyuntiva entre Jimena y Marina, ingresó a la página web de la
famosa red social en discusión. -Ya está Mari-, le dijo; -ahora sólo hace falta
que te registres. ¿Con qué nombre te vas a identificar?-. Marina cogió su
laptop, cerró la tapa lo que permitía que el equipo se apagara de manera
automática y se negó a continuar con lo que sus amigas tramaban. -No voy a
hacerlo-, les dijo. Olvidaron el tema
rápido y se dedicaron a otras cosas hasta que se fueron.
Esa misma noche y antes de
acostarse Marina coge su laptop. Por más que intenta no puede dejar de pensar
en la insistencia de sus amigas de ingresar a la página que le recomendaron. Abre
su laptop. La enciende. Coloca sus dedos sobre el teclado y lentamente empieza
a escribir el nombre de la página web. La pantalla de pronto se torna completa
de color amarillo. Como si viniera desde el fondo del monitor se acerca la
imagen de dos corazones unidos hasta abarcar toda la pantalla. Marina mira con
atención la presentación de la nueva red social que tiene ante sí. Los
corazones se separan y dejan un saludo de bienvenida. Los dibujos de dos
personas, hombre y mujer, tomados de la mano sonríen a Marina y le dicen que
acaba de ingresar al mundo de las mejores relaciones de amistad y amor que el
mundo del internet tiene preparado para ella. Inmediatamente aparecen dos
opciones: Accede y Regístrate. Marina dirige la flecha a la primera opción pero
el acceso está restringido, debe registrarse primero. Lleva entonces el cursor
y presiona la opción para registrarse. La pantalla ahora le muestra cinco
casilleros. En los dos primeros debe poner su nombre y apellidos, en letras
pequeñas debajo del segundo casillero una nota indica que esa información es
confidencial y que el único nombre que la identificará dentro de la red es el
alias con que desee ser reconocida durante su permanencia en la página. El
tercer casillero es para su fecha de nacimiento. El cuarto para que detalle su
hobby o pasatiempo y el quinto para que ingrese su alias. Ella no lo piensa
mucho y pone “MayordeEdad”. La pantalla le niega el acceso porque el registro es
repetido. Piensa en otro sobrenombre y escribe “Princesa” pero pasa lo mismo.
Intentó varias alternativas pero el resultado fue el mismo. Iba a cerrar la
laptop pero se le vino a la mente una nueva palabra y lo intenta de nuevo: “LaciaBella”
debido a su largo y lacio cabello que era lo que más atesoraba de su físico.
Todas las mañanas dedicaba más de diez minutos en peinar su cabello. La página
corroboró las coincidencias y al no hallar ninguna dio por aceptada la admisión
de Marina bajo el alias LaciaBella.
Estaba prohibido subir fotos, el
sistema no lo permitía porque el objetivo de la red era mantener el anonimato
de manera que la única forma de conocerse entre quienes entablaran contacto y confianza
fuera una cita a ciegas.
De pronto tocaron a su puerta,
era Saúl. -Hija, duerme ya, mañana debes ir al instituto temprano. Apaga la
computadora y descansa-. Ella le respondió a su papá con cariño y
agradecimiento. Apagó la laptop y se acostó.
A la mañana siguiente en el instituto
Marina les contó a Jimena y Paola que se había registrado en la red. Las tres
cómplices ahora de risas nerviosas y emocionantes quedaron en entablar contacto
por la tarde. Cuando Marina llegó a su casa, presurosa corrió a su cuarto,
encendió la laptop y se conectó. “LaciaBella”, “VagadelMal” y “SinDestino”, es
decir, Mariana, Jimena y Paola conversaban amenamente por la red sin evidenciar
sus identidades.
De pronto en la parte inferior de
la pantalla de la laptop de Marina apareció un recuadro en forma de sobre de
correo. Marina lo activó con un clic y se desplegó una carta. En la parte
superior de la carta aparecía el alias “Apolo” quien invitaba a “LaciaBella” a
conocerse. Ella, entusiasmada prosiguió
la conversación:
-Hola-, puso Apolo.
-Hola-, respondió Marina.
-¿Eres una chica?-
-Sí-.
-¿Y eres nueva por aquí?-
-Sí-.
-Bienvenida entonces, yo soy
Apolo y le doy siempre la bienvenida a la nuevitas como tú-.
-Gracias-.
-Y, ¿cuántos años tienes,
LaciaBella?-
Marina se quedó pensando un
momento. Llamó inmediatamente a Jimena a
su celular y le contó lo que estaba pasando.
-Todos hemos conversado al menos una vez con Apolo-, le dijo ella. -Dile
que tienes como 25 años porque parece que es tío-. -Pero no lo conozco-, le dijo
Marina. -Esa es la idea pues tarada, respóndele y me cuentas… síguele el
juego-.
-Tengo 23, ¿y tú?-
-Yo tengo 27, ¿eres de acá, de
Lima?
-No, soy de Arequipa, pero
estoy acá en Lima de visita-. Mintió Marina.
-Caramba, una linda
Arequipeña… me encantan las chicas de provincia, ¿sabes? Las de Lima son
demasiado pitucas, jajajaja.
-Bueno, ya me tengo que ir.
Chau-.
-Pero no te vayas tan rápido.
Sigamos conversando-.
-No, me tengo que ir. Mañana
hablamos-.
Y de inmediato se desconectó.
No sabía por qué pero sentía que sus latidos iban en aumento. Era la adrenalina, el peligro, la emoción.
En otro lado de la ciudad
Apolo se cogía la cabeza mirando su computadora. La relación de personas con
las que tenía contacto superaba los cincuenta nombres. En simultáneo mientras
conversaba con “LaciaBella” lo hacía también con “Putita2000”, “Angelita”,
“LágrimasdeCristal” y muchos sobrenombres más. Esa misma tarde conocería a una
nueva chica de su largo listado. Dejó abierto el contacto con “LaciaBella” a quien
consideraba su nueva conquista y se dispuso a alistarse para la cita de esa
tarde. Conocería a “Intrépida” una chica que decía tener 20 años y a quien
había logrado convencer de conocerse luego de una larga conversación de varias
horas en las que ella le había contado acerca de su último desamor y él,
aprovechando la situación, se mostró como el acompañante perfecto para
consolarla. Apolo minimizó la pantalla que tenía enfrente y se dejaron ver
muchas imágenes de adolescentes desnudas. Apolo era un tipo que, aprovechando
su habilidad de persuasión, convencía a las chicas de encontrarse con él y si
éstas eran jovencitas y de preferencia, menores de edad, las enamoraba,
fotografiaba impúdicamente y luego las chantajeaba. Una vez que conseguía lo
que quería simplemente las borraba de sus contactos y se concentraba en nuevos objetivos
que llamaran su atención. Así pasó con “LaciaBella” a quien de inmediato
consideró su próxima conquista.
Varios días después las
conversaciones entre LaciaBella y Apolo se hicieron más frecuentes. Apolo había
conseguido que Marina cruzara la línea de la confianza. Él sentía que ella
estaba a punto de morder el anzuelo. Ella le había contado que dentro de poco
iba a asistir a una fiesta sin especificar que se trataba de su propio cumpleaños
porque le había dicho que tenía veintitrés años, y que luego de esa fiesta se
regresaría a Arequipa. Apolo aprovechó el comentario:
-No te puedes ir sin antes
conocernos.-
-¿Te refieres a vernos?-
- Claro, me encantaría poder
darte un regalo antes de que te vayas. Te va a encantar-
-Pero igual vamos a mantener
contacto por este medio.-
-Sí, pero saber que estarás
más lejos ya hace que te extrañe. ¿Qué te parece si nos vemos este viernes? Así
por lo menos sabré cómo eres. No seas malita, acepta mi invitación. Solo
vernos.-
Marina se quedó pensando un
momento. Recordó que sus amigas le habían dicho desde un inicio que lo
divertido de la red era precisamente llegar a conocer a la persona con la que
logra conversar. A ella Apolo le había
parecido amigable y sincero. Y claro, Apolo sabía demostrarse así precisamente
para cumplir su cometido. Marina lo
pensó un momento y respondió.
-¿Y dónde nos podemos ver?
-¿Qué te parece si nos
encontramos en el parque de Miraflores en la rotonda del centro? Puede ser
mañana que es viernes-.
-Me da vergüenza que nos
conozcamos-.
-No tienes de qué avergonzarte
LaciaBella, sólo tomaremos un helado, pasearemos un rato. Nos conoceremos y
listo, yo soy un conquistador de chicas bonitas y siento que tú eres una chica muy
bonita. Luego nos despediremos y continuaremos conversando por acá las veces
que queramos, ¿qué dices, aceptas?-.
A Marina las manos le sudaban
y el corazón le palpitaba con una fuerza particular. Sentía una mezcla de
emoción y miedo pero pudo más la emoción.
-De acuerdo Apolo, acepto.
¿Cómo te reconoceré?-.
-Muy fácil, yo llevaré una
hermosa rosa roja en la mano que te regalaré para romper el hielo, sólo dime
qué vas a llevar puesto tú. Así sabremos identificarnos de inmediato-. Apolo siempre
usaba el argumento de la hermosa rosa roja, así se mostraba más romántico,
pensaba.
Marina recordó rápidamente la
ropa de su closet.
-Me voy a poner una blusa
blanca y encima una chompa azul marino. Iré en jean-.
Apolo dibujó a LaciaBella en
su mente en dos segundos. Primero desnuda y luego con la ropa que ella le había descrito.
-Excelente LaciaBella, apuesto
que te verás hermosa en jean. Nos vemos mañana entonces a las cinco de la tarde
en el parque de Miraflores-.
En la noche Marina se notaba
ansiosa a la hora de la cena. Saúl y Pilar la miraban con curiosidad. -¿Te pasa
algo mi vida?-, le preguntó su padre. -Nada-, dijo ella. -Lo que pasa es que
debemos presentar un trabajo en grupo el lunes en el instituto y mañana
necesito quedarme en casa de Jimena después de las clases para poder avanzar;
mamá, ¿me dejas ir por favor?- Pilar asintió y acarició la cabeza de su hija en
señal de admiración por su dedicación. Su padre sonrió. La cena continuó con
tranquilidad.
A la mañana siguiente, además
de sus cuadernos, Marina acomodó en su mochila una blusa blanca, un jean y la chompa
azul y salió para su instituto. Les contó todo a sus amigas eternas cómplices
de sus acuerdos amicales. Por la tarde y para no levantar sospechas Jimena
llamaría por teléfono a la mamá de Marina para decirle que su hija ya estaba en
su casa y así no se preocupara.
Marina salió del instituto
vestida para la cita que tendría esa tarde con Apolo. Su mochila se la llevó
Jimena. Marina pasaría por ellas al término de su cita y se encontraría también
con Paola para contarles todo lo vivido con el famoso Apolo.
Cerca de las cinco de la tarde
Marina estaba en el punto de encuentro. Emocionada y nerviosa miraba para todos
lados buscando a un chico que tuviera una hermosa rosa roja en la mano. Pensaba
que lo primero que debía hacer era disculparse por no tener veintitrés sino
solo diecisiete años, sin embargo, algo le hacía pensar que él la entendería.
Al otro lado del parque Apolo
bajó de un taxi. Lleva consigo una hermosa rosa roja en la mano derecha. Está
pulcramente vestido y perfumado. Debe dar una excelente impresión. Estaba
acostumbrado a hacerlo siempre a la perfección dada la experiencia que tenía en
sus sórdidas actividades.
Marina continuaba ansiosa
mirando a todos lados. Apolo, por su parte y con una tranquilidad segura,
apresuraba el paso hacia la rotonda.
Debido a la cantidad de gente
que en ese momento paseaba por el parque a ambos les era difícil poder
encontrarse. Apolo distinguió a LaciaBella, ella estaba de espaldas a él pero la reconoció por la
chompa azul que llevaba puesta y la blusa blanca que salía por debajo de la
chompa. Corrió hacia ella con la intención de querer tapar sus ojos y realizar
la típica pregunta ¿quién soy?... pero en ese preciso momento ella volteó. En ese segundo Saúl no dio crédito a lo que
vio cuando reconoció el rostro de su hija buscándolo. Él sintió que el piso se hundía a sus pies
mientras recordaba las conversaciones que había tenido con Marina por medio de
su computadora bajo el apelativo de Apolo. Sentía que no podía dar ni un paso,
que no podía reaccionar. Se había quedado petrificado sin terminar de ordenar
sus ideas que de un momento a otro habían colapsado entre sí. Cuando Marina siguió
buscando a Apolo y vio a su papá sintió un repentino escalofrío recorriendo su
cuerpo seguido de un miedo penetrante al no saber cómo explicar qué hacía ahí.
Nerviosa se acercó a él y de pronto su miedo fue cambiando. Sintió como si el
filo de un puñal atravesara su alma y una fuerte presión se pesara sobre sus
hombros. Repentinamente la atrapó una gran confusión que dio paso al pánico y
luego al asco y a la repulsión al ver a Saúl, su padre, llevar en la mano
derecha una hermosa rosa roja como Apolo se lo había prometido.





