sábado, 5 de octubre de 2013

EL PRECIO DEL HALCÓN

Luego de muchas horas de dormir profundamente Marcelo empieza a despertar, le cuesta mucho hacerlo. La clara luz de su habitación y el brillo del día que ingresa por su ventana le impiden abrir los ojos con tranquilidad. Lucha con el cansancio que siente en ese momento y con un extraño dolor que poco a poco empieza a recorrer su cuerpo. Fuerza la vista nuevamente pero la fatiga lo vence. Luego de unos minutos intenta nuevamente despertar. A medida que empieza a ver su entorno se confunde porque no sabe dónde está. Nuevamente un dolor se apodera de su cabeza y articulaciones y empieza a sentir temor. De pronto ve el rostro de su madre quien lo mira con ternura como si acabara de nacer. Ella se acerca y besa su mejilla, lleva sus manos hacia su cabeza y lo acaricia con delicadeza. Empieza a llorar y la confusión de Marcelo se incrementa. Con cuidado y sin levantarlo su madre lo abraza del cuello y llora con intensidad. -Gracias a Dios estás bien-, le dice. -¿Mamá?, ¡mamá!, ¿qué pasa?-, pregunta con dificultad y siente un extraño dolor en la garganta. Trata de sentarse en la cama pero al mínimo movimiento  ella lo detiene y le pide que se quede echado, que no se levante. Acaba de ser trasladado de la Unidad de Cuidados Intensivos a Cuidados Intermedios porque se está recuperando pero debe hacer el mínimo esfuerzo en levantarse. -Quédate echado, mi amor, no te levantes, tienes que recuperarte más para que puedas pasar a tu cuarto, no hagas mayor esfuerzo ahora-. Elena se da cuenta que su hijo no recuerda el accidente. -Mamá, ¿qué hago acá?… ¡no entiendo nada!- Hace un leve movimiento y siente un dolor agudo en la espalda. Trata de mirar a su alrededor y se percata de estar en una clínica. Elena continúa jugando tiernamente con el cabello de su hijo mientras trata de controlar su llanto. -No digas nada ahora, mi vida. Trata de descansar un poco más. Vas a estar bien-.

Cinco días atrás Marcelo estaba escuchando la ovación de la hinchada que lo aclama con pasión desde las tribunas del estadio.  El unísono sonido de su apelativo gritado por las miles de personas que van a verlo lo llenan de una fuerza interior única y especial. Faltan sólo dos minutos para que el árbitro declare el final del partido de futbol que esa tarde se disputa y el equipo de Marcelo, con él en el arco, va ganando tres goles a cero. Una victoria digna del mejor equipo del momento donde Marcelo tiene la gran responsabilidad de ser el arquero y esa tarde haber reconfirmado el respeto de sus hinchas al atajar de todo en su portería, incluso un penal. Marcelo “El Halcón” Cisneros, es el héroe de la tarde. Agita los brazos avivando la algarabía de las tribunas e incentivando la fuerza de ser locales y hacer respetar la casa; ser locales, haber ganado, evitar goles y campeonar.
El árbitro hace sonar por última vez su silbato, sus compañeros de equipo corren hacia él, el capitán lo carga en hombros y “El Halcón” flanquea sus alas para todos sus admiradores durante la vuelta al campo por la victoria lograda. Habían ganado el campeonato nacional y eso le daría mayores posibilidades de internacionalizarse por su extraordinario desempeño durante toda la temporada.

Más tarde, en los camerinos, todos celebran. Saltan, gritan, vitorean con toda la potencia de sus pulmones la inmensa alegría del momento. Marcelo no es ajeno al entusiasmo y también forma parte del alboroto que se arma mientras se duchan y alistan para irse del estadio. Todos hacen planes para ir por unos tragos más tarde y no descansar hasta que amanezca. Marcelo se dirige a su camerino, saca sus cosas, termina de alistarse y prepara su maletín. -Bueno muchachos-, les dice, -nos vemos más tarde entonces para celebrar como merecemos-.  Sus amigos se despiden de él con alegría y le piden que no demore. Saben que de no ser por “El Halcón”, esa tarde pudo terminar de otra manera. Marcelo se despide de todos y se dirige a la cochera del club hacia su auto deportivo BMW M6 comprado hace poco. Debe ir a su casa porque tiene por costumbre siempre ver a sus padres luego de los partidos que juega y pese a la victoria de su equipo esa tarde, no podía dejar su costumbre familiar de lado.
Marcelo maneja preocupado, a su padre no le ha ido muy bien los últimos años. Si bien mantienen un alto estatus social, sabe de su preocupación y de que necesita inversionistas para su empresa, de lo contrario la competencia terminará por superarlos. Su padre siempre le ha dicho que trabaje para él y lo ayude pero Marcelo se niega porque su pasión es el futbol y una vez terminada su carrera quiere dedicarse a entrenar arqueros, no imagina su vida fuera de las canchas.
Marcelo vive con sus padres en una enorme casa en el barrio más lujoso de Lima, sus vecinos son grandes empresarios de renombre, políticos importantes, abogados de reconocimiento internacional. Personas poderosas, pero él mantiene su humildad con los pies bien puestos sobre la tierra, finalmente es arquero y, literalmente, debe estar con los pies bien puestos sobre la tierra. Sus padres siempre han estado acostumbrados a una vida cómoda y “socialmente” respetable, siempre cuidando las apariencias. A su madre le encanta salir en toda fotografía de los eventos sociales a los que asiste porque “así la gente habla bien de mí” solía decir, “hay que cuidar las formas y las amistades”.
Mientras va manejando escucha en la radio los clásicos de The Beatles que son de su predilección. Gracias a su padre aprendió a conocer la banda de Liverpool y no escucha otra cosa sino sólo sus canciones. Va escuchando a todo volumen  Drive My Car mientras maneja por las pistas de la Costa Verde acelerando su potente auto. Es domingo y no hay muchos carros en las calles, tampoco en el circuito de playas, por lo que aprovecha en acelerar aun con prudencia sin percatarse que de uno de los restaurantes de la zona un auto Mercedes Benz negro aparece en media pista intempestivamente sin señales direccionales encendidas y sin, incluso, precaver tomar con cuidado la autopista, simplemente aparece en medio de la vía preferencial. Si Marcelo no reacciona no logrará evitar chocarlo. Como acto reflejo tira todo el timón hacia el lado izquierdo pero los 95 km por hora no aminoran y el auto se estrella ferozmente contra un muro de contención partido a la mitad que sirve de rampa para que el BMW salga despedido por los aires impactando de lado del conductor hacia abajo violentamente contra el pavimento de la autopista  que va en sentido contrario. Un taxista que venía en dirección contraria dirige toda su fuerza contra el pedal del freno, logra detener su vehículo pero resultó imposible evitar chocar contra el auto de Marcelo que lo hace patinar un poco más y por el impacto medio cuerpo del “Halcón” sale por la ventanilla. Está inconsciente.
Han pasado cinco días desde el accidente y Marcelo sigue intentando entender dónde está mientras está postrado en una camilla en la Sala de Cuidados Intermedios en una de las clínicas más prestigiosas de Lima. Su madre no cesa de llorar. Marcelo tiene un fuerte dolor de cabeza y espalda. De su mano derecha una vía hincada permanentemente en su vena permite el paso de analgésicos y demás medicinas necesarias para el momento. -El doctor dijo que apenas despiertes pasarías a tu cuarto mi amor, tendrás que estar en reposo algunos días más aquí. Tus amigos te han enviado cosas muy lindas, vas a ver…- Marcelo la interrumpe cortante. -Qué ha pasado mamá, no recuerdo nad… ¡verdad! Yo estaba manejando por la… cuando un auto negro… sí… un auto negro salió de pronto… ¿qué me pasó?-. Su madre empieza a contarle todo lo que había pasado esos cinco días. El accidente, los bomberos, el rescate de entre los fierros de su auto, su estado de inconsciencia, el estado en que llegó a la clínica, la operación. A medida que Elena relata lo sucedido Marcelo siente mayor dolor en la parte inferior de su cuerpo, ve que tiene el brazo derecho enyesado. -¿Dónde está mi padre?-, pregunta. -En el trabajo arreglando unos asuntos, mi vida-, le dice Elena y añade tomando aire:
-Hijito, debes saber que el auto negro que ocasionó este accidente es de propiedad de los Hilman, nuestros vecinos. Piero Hilman iba manejando y salía de la Rosa Náutica esa tarde al parecer con algunas copas de más porque había estado celebrando un nuevo contrato que acaba de cerrar con una firma importante. Tú sabes cómo son esos abogados, ¿no?, pretensiosos y cuidadores de su imagen.  Él sabe perfectamente que está metido en un lío en este momento y que su trayectoria puede verse seriamente afectada si lo que pasó llega a saberse. Su astucia leonina hasta el momento ha permitido que ni siquiera la prensa intervenga. Y precisamente en este momento está reunido con tu papá atendiendo algunos asuntos de lo sucedido. Por su puesto que Piero Hilman ha tenido que hacerse cargo de todo. No te preocupes que apenas solucionen ese tema tu padre vendrá de inmediato para verte-.
En efecto, Piero Hilman es un brillante abogado de fama internacional. Su nombre estuvo siempre relacionado a los casos legales más conocidos del Perú, casos donde estuvieron involucrados políticos y que el abogado Hilman siempre supo defender con inteligencia y astucia.
Cuando el Dr. Román Mendoza ingresó al ambiente donde estaba Marcelo, inmediatamente se acercó a él y Elena aprovechó en secar sus lágrimas con un pañuelo que llevaba a la mano. El Dr. Mendoza cogió la placa que colgaba de la camilla de Marcelo y tras observarla un momento y revisar unos apuntes, se acercó a él.  
-Hola Halcón, soy el Dr. Román Mendoza, médico cirujano de esta clínica. El domingo por la noche llegaste aquí en un estado bastante delicado. Policontuso. Con fracturas en el brazo, tórax y piernas con huesos expuestos incluso-. El Dr. Mendoza era directo al hablar pero lo hacía con esmerado paternalismo lo que hacía que la dureza de sus palabras sonaran con cierto tono de esperanza y tranquilidad. Marcelo lo escuchaba con atención pero aún mareado por el efecto de los medicamentos y el fuerte dolor de cabeza que aún sufría. -Tuviste un traumatismo encéfalocraneano muy severo que finalmente pudimos controlar y tuvimos que intervenirte quirúrgicamente de emergencia para poder salvarte. Gracias a Dios estás con vida Marcelo, ahora tienes que tener mucha fe, mucha fuerza de voluntad porque tu recuperación va a ser lenta pero estarás acompañado de los mejores profesionales del medio en temas de rehabilitación. Eso lo están coordinando tus padres y vas a estar en las mejores manos-.
-¿Recuperación lenta, doctor, rehabilitación?
-Así es Marcelo-, dijo el Dr. Mendoza y se quedó un momento en silencio mirando directamente a Elena. -Debo decirte que… debido al accidente… tuvimos que amputarte la pierna izquierda-.
Y se hizo un escalofriante silencio.
En ese preciso momento, en la sala de la lujosa casa los Hilman, el Dr. Piero Hilman gira un cheque por medio millón de dólares a favor de Andrés Cisneros Varillas, padre de “El Halcón” Cisneros. Andrés recibe el cheque y esboza media sonrisa pensando en su hijo y también en la inversión que su empresa necesita. 

Lima, octubre de 2013.

4 comentarios:

  1. No quiero imaginame siquiera el destino de ese dinero?'

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  3. Hijo, me hiciste imaginar a cada personaje, cada cual con marcadas diferencias de personalidad, la ambición de don Andrés muy bien reflejada.
    Me encantó, tu mente vuela como el halcón loquillo de mi corazón.

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  4. creo que este cuento se te escapò de las manos. salvo por la narraciòn que es pulcra. el argumento se siente como inconcluso. creo que es parte de tu proceso. tu mente està hàbida de ordenar a tus manos a escribir y te descontrolas. leo el cuento y lo que siento es que no puede terminar ahì. si se te hubiese ocurrido poner al final: continuarà. para mi serìa perfecto....!! por ùltimo. me gustò mucho el estilo envolvente de la narraciòn. felicitaciones...!!

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