sábado, 2 de noviembre de 2013

LA HERMOSA ROSA ROJA DE APOLO

En casa de Marina todo es tranquilidad. Ella tiene diecisiete años, va al instituto, es responsable, sus padres son su ejemplo. Su mamá, por ejemplo, es ama de casa, abnegada. Dedicada al hogar desde que nació su hermano menor hace diez años cuando decidió dejar de trabajar. Ellas son las mejores amigas, madre e hija inseparables. Su padre es un admirado hombre de negocios, gerente de una prestigiosa cadena de tiendas por departamento en todo Lima y provincias. Pese a su recargada agenda semanal  se da tiempo para siempre estar con su familia sobre todo los fines de semana. Él quiere que su pequeño hijo de diez años siga sus pasos por eso se preocupa por mantener a la familia siempre unida. Sabe que lo más importante es brindar cariño a su esposa y a sus hijos y felizmente ha logrado conformar un gran vínculo en su hogar. Para Marina, su padre es su mentor y desde siempre, su héroe y su madre, la mejor compañera.

Dentro de un par de meses Marina cumplirá dieciocho años, sus amigas son cómplices de ayudar a organizar lo que será la mejor fiesta de cumpleaños, la fiesta esperada para la amiga perfecta. Tiene que ser increíble, le dicen todas sus amigas. Tú papá tiene que hacer el mejor tono de Lima. Mariana no cabe en sí y espera que las semanas pasen más rápido para que su fiesta llegue. Tiene todo prácticamente listo; el vestido, el motivo de la fiesta, las invitaciones, el local separado. Su mamá se ha encargado de organizar todo a la perfección y su padre observa y siente que su pequeña Marina está creciendo y la apoya en toda decisión que quiera tomar para su fiesta.  Sentía mucho orgullo al saber que su hija pronto sería mayor de edad.

Una tarde Marina llegó a su casa y Pilar, su madre, le dijo que su papá había llamado para avisar que vendría temprano a casa para almorzar con ellas y con Jano, su hermanito. Saúl siempre solía hacer eso, llegar temprano a casa algunas tardes para almorzar con su familia completa. Esa tarde, cuando Saúl llegó le dijo a Marina que tenía algo para ella como adelanto de su cumpleaños.  -Hija-, le dijo, -toma este pequeño presente, lo mereces. Lo mejor viene dentro de dos meses pero este regalo es para que puedas ampliar tus conocimientos, para que estés en contacto con tus amigas y porque te va a ser muy útil ahora que terminas el instituto e ingreses a la universidad-. Se trataba de una moderna laptop, de última generación, con todas las aplicaciones necesarias y programas completos para que sea perfecta. En casa había una computadora pero que todos compartían. Marina estaba feliz porque ahora tenía su propia computadora portátil. Un regalo que en la actualidad rompe todo tipo de esquemas y que cualquier adolescente quiere tener en sus manos. Ahora Marina tiene una laptop último modelo, con diseños agradables para una chica de su edad. Saúl había sabido elegirla perfectamente dentro de muchos modelos.


-Gracias papi, eres el mejor-, dijo ella y corrió a su cuarto. De inmediato sacó el aparato de la caja, no fue necesario que leyera el instructivo, apurada la conectó a la corriente, la encendió y en la parte superior de la pantalla la imagen de una batería le indicaba que debía esperar que termine de cargar. Inmediatamente cogió su celular y llamó a sus dos mejores amigas para contarles la hazaña que su padre acababa de perpetrar. Sus amigas, emocionadas por ella, inmediatamente se autoinvitaron a la casa de Marina.


Pasaron treinta minutos y las tres amigas estaban frente a la pantalla de la laptop analizando todas las opciones, maravillándose por las claras y nítidas imágenes distribuidas por todo el monitor. La conclusión del equipo era, como ellas decían al unísono: alucinante.


Se conectaron a internet, vieron videos en You Tube. Marina no podía creer que finalmente podría usar su Facebook desde su propia computadora en la comodidad de su cuarto. -¿Facebook?-, le dijo Jimena. -Ya no pasa nada con eso… ahora la moda es una nueva red social que ha salido que únicamente sirve para conocer personas en total anonimato. Tú no puedes conocer a la persona con la que conversas sino hasta una primera cita. Ese es el truco. Te registras con un alias y eliges al azar con quien quieras conversar y entablas amistad, la idea es que cuando hables con alguien que llame tu atención se pongan de acuerdo para conocerse, ¿no te parece recontra alucinante?-. A Mariana le pareció, más que alucinante, peligroso. Su padre siempre le había dicho que el uso de las redes sociales era un peligro latente y que debía tener mucho cuidado con eso. Incluso le había permitido tener Facebook siempre y cuando su madre fuera uno de sus contactos. Ella aceptó el trato con el típico recelo producto de tener a su mamá dentro de su grupo de amigos pero ni modo, era un trato.


Jimena siguió insistiendo en que ingresaran a la nueva red social para conocer personas. “Te registras usando solamente un alias y tu identidad es privada, conoces a alguien y te enteras de quién es la otra persona recién cuando la ves, la idea es que te inviten a salir” le había dicho. Pese a que le parecía peligroso por los consejos de su padre, la curiosidad hacía su trabajo en la mente de Marina y trataba de convencerla de que investigara la nueva red social. Por su parte Paola, la otra amiga, aprovechando la disyuntiva entre Jimena y Marina, ingresó a la página web de la famosa red social en discusión. -Ya está Mari-, le dijo; -ahora sólo hace falta que te registres. ¿Con qué nombre te vas a identificar?-. Marina cogió su laptop, cerró la tapa lo que permitía que el equipo se apagara de manera automática y se negó a continuar con lo que sus amigas tramaban. -No voy a hacerlo-, les dijo.  Olvidaron el tema rápido y se dedicaron a otras cosas hasta que se fueron.


Esa misma noche y antes de acostarse Marina coge su laptop. Por más que intenta no puede dejar de pensar en la insistencia de sus amigas de ingresar a la página que le recomendaron. Abre su laptop. La enciende. Coloca sus dedos sobre el teclado y lentamente empieza a escribir el nombre de la página web. La pantalla de pronto se torna completa de color amarillo. Como si viniera desde el fondo del monitor se acerca la imagen de dos corazones unidos hasta abarcar toda la pantalla. Marina mira con atención la presentación de la nueva red social que tiene ante sí. Los corazones se separan y dejan un saludo de bienvenida. Los dibujos de dos personas, hombre y mujer, tomados de la mano sonríen a Marina y le dicen que acaba de ingresar al mundo de las mejores relaciones de amistad y amor que el mundo del internet tiene preparado para ella. Inmediatamente aparecen dos opciones: Accede y Regístrate. Marina dirige la flecha a la primera opción pero el acceso está restringido, debe registrarse primero. Lleva entonces el cursor y presiona la opción para registrarse. La pantalla ahora le muestra cinco casilleros. En los dos primeros debe poner su nombre y apellidos, en letras pequeñas debajo del segundo casillero una nota indica que esa información es confidencial y que el único nombre que la identificará dentro de la red es el alias con que desee ser reconocida durante su permanencia en la página. El tercer casillero es para su fecha de nacimiento. El cuarto para que detalle su hobby o pasatiempo y el quinto para que ingrese su alias. Ella no lo piensa mucho y pone “MayordeEdad”. La pantalla le niega el acceso porque el registro es repetido. Piensa en otro sobrenombre y escribe “Princesa” pero pasa lo mismo. Intentó varias alternativas pero el resultado fue el mismo. Iba a cerrar la laptop pero se le vino a la mente una nueva palabra y lo intenta de nuevo: “LaciaBella” debido a su largo y lacio cabello que era lo que más atesoraba de su físico. Todas las mañanas dedicaba más de diez minutos en peinar su cabello. La página corroboró las coincidencias y al no hallar ninguna dio por aceptada la admisión de Marina bajo el alias LaciaBella.


Estaba prohibido subir fotos, el sistema no lo permitía porque el objetivo de la red era mantener el anonimato de manera que la única forma de conocerse entre quienes entablaran contacto y confianza fuera una cita a ciegas.


De pronto tocaron a su puerta, era Saúl. -Hija, duerme ya, mañana debes ir al instituto temprano. Apaga la computadora y descansa-. Ella le respondió a su papá con cariño y agradecimiento. Apagó la laptop y se acostó.


A la mañana siguiente en el instituto Marina les contó a Jimena y Paola que se había registrado en la red. Las tres cómplices ahora de risas nerviosas y emocionantes quedaron en entablar contacto por la tarde. Cuando Marina llegó a su casa, presurosa corrió a su cuarto, encendió la laptop y se conectó. “LaciaBella”, “VagadelMal” y “SinDestino”, es decir, Mariana, Jimena y Paola conversaban amenamente por la red sin evidenciar sus identidades.


De pronto en la parte inferior de la pantalla de la laptop de Marina apareció un recuadro en forma de sobre de correo. Marina lo activó con un clic y se desplegó una carta. En la parte superior de la carta aparecía el alias “Apolo” quien invitaba a “LaciaBella” a conocerse.  Ella, entusiasmada prosiguió la conversación:


-Hola-, puso Apolo.
-Hola-, respondió Marina.
-¿Eres una chica?-
-Sí-.
-¿Y eres nueva por aquí?-
-Sí-.
-Bienvenida entonces, yo soy Apolo y le doy siempre la bienvenida a la nuevitas como tú-.
-Gracias-.
-Y, ¿cuántos años tienes, LaciaBella?-

Marina se quedó pensando un momento. Llamó inmediatamente  a Jimena a su celular y le contó lo que estaba pasando.  -Todos hemos conversado al menos una vez con Apolo-, le dijo ella. -Dile que tienes como 25 años porque parece que es tío-. -Pero no lo conozco-, le dijo Marina. -Esa es la idea pues tarada, respóndele y me cuentas… síguele el juego-.

-Tengo 23, ¿y tú?-
-Yo tengo 27, ¿eres de acá, de Lima?
-No, soy de Arequipa, pero estoy acá en Lima de visita-. Mintió Marina.
-Caramba, una linda Arequipeña… me encantan las chicas de provincia, ¿sabes? Las de Lima son demasiado pitucas, jajajaja.
-Bueno, ya me tengo que ir. Chau-.
-Pero no te vayas tan rápido. Sigamos conversando-.
-No, me tengo que ir. Mañana hablamos-.

Y de inmediato se desconectó. No sabía por qué pero sentía que sus latidos iban en aumento.  Era la adrenalina, el peligro, la emoción.

En otro lado de la ciudad Apolo se cogía la cabeza mirando su computadora. La relación de personas con las que tenía contacto superaba los cincuenta nombres. En simultáneo mientras conversaba con “LaciaBella” lo hacía también con “Putita2000”, “Angelita”, “LágrimasdeCristal” y muchos sobrenombres más. Esa misma tarde conocería a una nueva chica de su largo listado. Dejó abierto el contacto con “LaciaBella” a quien consideraba su nueva conquista y se dispuso a alistarse para la cita de esa tarde. Conocería a “Intrépida” una chica que decía tener 20 años y a quien había logrado convencer de conocerse luego de una larga conversación de varias horas en las que ella le había contado acerca de su último desamor y él, aprovechando la situación, se mostró como el acompañante perfecto para consolarla. Apolo minimizó la pantalla que tenía enfrente y se dejaron ver muchas imágenes de adolescentes desnudas. Apolo era un tipo que, aprovechando su habilidad de persuasión, convencía a las chicas de encontrarse con él y si éstas eran jovencitas y de preferencia, menores de edad, las enamoraba, fotografiaba impúdicamente y luego las chantajeaba. Una vez que conseguía lo que quería simplemente las borraba de sus contactos y se concentraba en nuevos objetivos que llamaran su atención. Así pasó con “LaciaBella” a quien de inmediato consideró su próxima conquista.

Varios días después las conversaciones entre LaciaBella y Apolo se hicieron más frecuentes. Apolo había conseguido que Marina cruzara la línea de la confianza. Él sentía que ella estaba a punto de morder el anzuelo. Ella le había contado que dentro de poco iba a asistir a una fiesta sin especificar que se trataba de su propio cumpleaños porque le había dicho que tenía veintitrés años, y que luego de esa fiesta se regresaría a Arequipa. Apolo aprovechó el comentario:

-No te puedes ir sin antes conocernos.-
-¿Te refieres a vernos?-
- Claro, me encantaría poder darte un regalo antes de que te vayas. Te va a encantar-
-Pero igual vamos a mantener contacto por este medio.-
-Sí, pero saber que estarás más lejos ya hace que te extrañe. ¿Qué te parece si nos vemos este viernes? Así por lo menos sabré cómo eres. No seas malita, acepta mi invitación. Solo vernos.-

Marina se quedó pensando un momento. Recordó que sus amigas le habían dicho desde un inicio que lo divertido de la red era precisamente llegar a conocer a la persona con la que logra conversar.  A ella Apolo le había parecido amigable y sincero. Y claro, Apolo sabía demostrarse así precisamente para cumplir su cometido.  Marina lo pensó un momento y respondió.

-¿Y dónde nos podemos ver?
-¿Qué te parece si nos encontramos en el parque de Miraflores en la rotonda del centro? Puede ser mañana que es viernes-.
-Me da vergüenza que nos conozcamos-.
-No tienes de qué avergonzarte LaciaBella, sólo tomaremos un helado, pasearemos un rato. Nos conoceremos y listo, yo soy un conquistador de chicas bonitas y siento que tú eres una chica muy bonita. Luego nos despediremos y continuaremos conversando por acá las veces que queramos, ¿qué dices, aceptas?-.

A Marina las manos le sudaban y el corazón le palpitaba con una fuerza particular. Sentía una mezcla de emoción y miedo pero pudo más la emoción.

-De acuerdo Apolo, acepto. ¿Cómo te reconoceré?-.
-Muy fácil, yo llevaré una hermosa rosa roja en la mano que te regalaré para romper el hielo, sólo dime qué vas a llevar puesto tú. Así sabremos identificarnos de inmediato-. Apolo siempre usaba el argumento de la hermosa rosa roja, así se mostraba más romántico, pensaba.

Marina recordó rápidamente la ropa de su closet.

-Me voy a poner una blusa blanca y encima una chompa azul marino. Iré en jean-.

Apolo dibujó a LaciaBella en su mente en dos segundos. Primero desnuda y luego con la ropa que ella le había descrito. 

-Excelente LaciaBella, apuesto que te verás hermosa en jean. Nos vemos mañana entonces a las cinco de la tarde en el parque de Miraflores-.

En la noche Marina se notaba ansiosa a la hora de la cena. Saúl y Pilar la miraban con curiosidad. -¿Te pasa algo mi vida?-, le preguntó su padre. -Nada-, dijo ella. -Lo que pasa es que debemos presentar un trabajo en grupo el lunes en el instituto y mañana necesito quedarme en casa de Jimena después de las clases para poder avanzar; mamá, ¿me dejas ir por favor?- Pilar asintió y acarició la cabeza de su hija en señal de admiración por su dedicación. Su padre sonrió. La cena continuó con tranquilidad.

A la mañana siguiente, además de sus cuadernos, Marina acomodó en su mochila una blusa blanca, un jean y la chompa azul y salió para su instituto. Les contó todo a sus amigas eternas cómplices de sus acuerdos amicales. Por la tarde y para no levantar sospechas Jimena llamaría por teléfono a la mamá de Marina para decirle que su hija ya estaba en su casa y así no se preocupara.

Marina salió del instituto vestida para la cita que tendría esa tarde con Apolo. Su mochila se la llevó Jimena. Marina pasaría por ellas al término de su cita y se encontraría también con Paola para contarles todo lo vivido con el famoso Apolo.

Cerca de las cinco de la tarde Marina estaba en el punto de encuentro. Emocionada y nerviosa miraba para todos lados buscando a un chico que tuviera una hermosa rosa roja en la mano. Pensaba que lo primero que debía hacer era disculparse por no tener veintitrés sino solo diecisiete años, sin embargo, algo le hacía pensar que él la entendería.

Al otro lado del parque Apolo bajó de un taxi. Lleva consigo una hermosa rosa roja en la mano derecha. Está pulcramente vestido y perfumado. Debe dar una excelente impresión. Estaba acostumbrado a hacerlo siempre a la perfección dada la experiencia que tenía en sus sórdidas actividades.

Marina continuaba ansiosa mirando a todos lados. Apolo, por su parte y con una tranquilidad segura, apresuraba el paso hacia la rotonda.

Debido a la cantidad de gente que en ese momento paseaba por el parque a ambos les era difícil poder encontrarse. Apolo distinguió a LaciaBella, ella estaba  de espaldas a él pero la reconoció por la chompa azul que llevaba puesta y la blusa blanca que salía por debajo de la chompa. Corrió hacia ella con la intención de querer tapar sus ojos y realizar la típica pregunta ¿quién soy?... pero en ese preciso momento ella volteó.  En ese segundo Saúl no dio crédito a lo que vio cuando reconoció el rostro de su hija buscándolo.  Él sintió que el piso se hundía a sus pies mientras recordaba las conversaciones que había tenido con Marina por medio de su computadora bajo el apelativo de Apolo. Sentía que no podía dar ni un paso, que no podía reaccionar. Se había quedado petrificado sin terminar de ordenar sus ideas que de un momento a otro habían colapsado entre sí. Cuando Marina siguió buscando a Apolo y vio a su papá sintió un repentino escalofrío recorriendo su cuerpo seguido de un miedo penetrante al no saber cómo explicar qué hacía ahí. Nerviosa se acercó a él y de pronto su miedo fue cambiando. Sintió como si el filo de un puñal atravesara su alma y una fuerte presión se pesara sobre sus hombros. Repentinamente la atrapó una gran confusión que dio paso al pánico y luego al asco y a la repulsión al ver a Saúl, su padre, llevar en la mano derecha una hermosa rosa roja como Apolo se lo había prometido. 



Lima, noviembre de 2013.

3 comentarios:

  1. buena franco. que sigan esas inspiraciones hasta que dejen de ser cuentos y se transformen en novelas. a uno le quedan las ganas de seguir leyendo...!!

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  2. Muy buena, mantuvo la atencion del lector hasta en final del cuento; que tuvo un desenlace por demas sorpresivo. Felicitaciones por tu ingenio y creatividad.

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  3. Hijo... qué has hecho!!!!
    El puñal lo sentí yo también, jamás imaginé lo que pasaría.
    Cada día mejor.
    Te amo loquillo.

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